LA ESCRITORA MEXICANA, ELIANA MONTEMAYOR: «SOLTAR PARA SANAR» NACIÓ DE ESE CRUCE ENTRE EXPERIENCIA PERSONAL Y OBSERVACIÓN HUMANA

Soltar es aprender a distinguir qué seguimos sosteniendo solo por costumbre, miedo o apego, y qué sí tiene sentido mantener cerca. En otras palabras: soltar puede ser el arte de saber desprendernos de lo que nos hace daño, porque soltar no es renunciar a lo importante.
Tampoco es escapar de los problemas, de acuerdo a lo que propone la escritora mexicana, Eliana Montemayor, en su nuevo libro Soltar para sanar, un enfoque que une psicología, neurociencia y sabiduría cotidiana para activar un crecimiento personal real.



¿Quién es Eliana Montemayor?
Me reconozco como escritora, pero también como una persona en proceso. Me interesa poner palabras a eso que muchas personas sienten y no siempre saben cómo nombrar: la culpa, el cansancio emocional, los duelos silenciosos, la ansiedad, los vínculos que pesan y esa dificultad de elegirnos sin sentirnos egoístas.
No escribo desde una tarima ni desde el lugar de quien ya resolvió todo. Escribo desde una conversación sincera, desde ese punto en el que alguien puede decir “esto también me pasó” y sentirse menos sola.
Soltar para sanar surge de ese cruce entre experiencia personal y observación humana. No propone fórmulas rápidas; invita a mirar lo que duele, reconocer lo que ya no podemos seguir cargando y vivir con más verdad y menos violencia hacia nosotros mismos.
-¿Qué tuviste que liberar para llegar hasta acá?
También tuve que soltar la idea de que ser fuerte era poder con todo. Esa creencia puede parecer valentía, pero con el tiempo se convierte en una cárcel. Nadie puede vivir eternamente sosteniendo una imagen de invulnerabilidad.
Lo más difícil fue reconocer que algunas cosas que necesitaba dejar atrás también me habían protegido. La exigencia me dio resultados, el silencio me evitó problemas y la complacencia me hizo sentir aceptada. Pero lo que en una etapa ayuda a sobrevivir, en otra puede impedir vivir con libertad.
– ¿Las exigencias del día a día son una carga?
La carga aparece cuando sentimos que nunca alcanza: nunca producimos, descansamos, respondemos o resolvemos lo suficiente. Entonces uno vive con la sensación de estar siempre debiendo algo.
Necesitamos distinguir entre responsabilidad y autoabandono. Cumplir con lo que nos toca está bien; desaparecer dentro de las exigencias, no. Hay una línea fina entre hacerse cargo de la vida y tratarse como si uno fuera una máquina que no puede detenerse.
– Mucha gente habla de la necesidad de parar, incluso personas públicas. ¿La sociedad necesita parar?
Hoy todo parece urgente: responder, producir, opinar, estar disponibles, mostrarse bien, reinventarse, sanar, crecer, descansar y además documentarlo todo. Incluso el bienestar se volvió una exigencia más, como si también tuviéramos que sentirnos en paz de manera eficiente.
Cuando tantas personas dicen “necesito parar”, no lo leo como debilidad, sino como una señal. Hay un cansancio social que ya no se puede maquillar con café, frases motivacionales o productividad. Una sociedad que no sabe detenerse termina confundiendo agotamiento con compromiso.
– ¿Y cómo se detiene una persona que tiene que luchar a diario para pagar las cuentas?
Por eso hay que hablar del descanso con los pies en la tierra. Para quien lucha todos los días, detenerse no siempre significa cambiar la rutina completa. Puede ser recuperar un pequeño margen dentro de una vida exigente: respirar antes de responder, no castigarse por estar cansado, pedir ayuda sin vergüenza, dormir cuando se puede, dejar una discusión para otro momento o decir “hoy no llego” sin convertirlo en una condena personal.
No se trata de romantizar la resistencia ni de ponerle incienso a la precariedad. Hay cansancios con causas concretas y condiciones materiales muy duras. Pero incluso ahí, una persona necesita encontrar formas de no abandonarse por completo. A veces parar empieza por tratarse con menos violencia interna.
– ¿El sistema nos necesita cansados o el agotamiento surge de la misma condición humana?
Pero también vivimos en una cultura que convirtió el cansancio en mérito. Se admira a quien no para, a quien siempre responde, a quien produce sin descanso y está disponible incluso cuando ya no puede más. Hemos confundido valor con rendimiento y compromiso con desgaste.
No diría que el sistema necesita nuestra destrucción, pero sí se beneficia cuando estamos demasiado cansados para hacernos preguntas importantes. Una persona agotada decide desde la urgencia, posterga sus límites y se acostumbra a vivir en modo supervivencia. Por eso sanar también implica recuperar lucidez: preguntarnos qué estamos normalizando y qué precio estamos pagando.
– ¿El mundo virtual está ocasionando mucho ruido interior?
El ruido virtual no siempre se siente como ruido. A veces entra como una comparación que baja el ánimo, una noticia que deja tensión o una imagen que nos hace sentir insuficientes. Repetido todos los días, eso satura la mente.
Necesitamos una higiene emocional digital. No desde el miedo, sino desde la conciencia: preguntarnos qué consumimos, para qué lo consumimos, cómo nos deja y cuánto de nuestra paz entregamos a contenidos que ni siquiera elegimos del todo.
– ¿Hacia dónde avanza Eliana Montemayor?
Después de Soltar para sanar, siento que se abre una conversación más amplia sobre vínculos, límites, culpa, ansiedad, autoexigencia y amor propio sin maquillaje. Quiero seguir escribiendo desde un lugar verdadero, no desde una máscara bonita.

