Latitud creadora
Cien años después del Manifiesto Antropófago, América Latina puede dejar de imitar al Norte para empezar a inventar el Sur Enrique Avogadro

Esta semana escuché mucho TURR4ZO, el cuarto disco de Trueno, que acaba de salir. Es una ensalada de hip-hop tremendamente bailable, llena de sampleos y referencias a distintos géneros y artistas (chacarera, mambo, house y cumbia villera conviven con Sandro, Cerati, Spinetta, el Chaqueño y Gardel). Identidad pura y dura, hecha acá. Y desde el jueves vengo viendo en loop el Tiny Desk de Milo J en NPR. En una de las vidrieras musicales más importantes del mundo Milo puso un mate, el Martín Fierro, una chapa de Malvinas, una revista de Mercedes Sosa, un vinilo de Horacio Guarany, el poncho de la Sole y un pañuelo que dice “Nunca Más”. Acompañado por la murga uruguaya Agarrate Catalina canta zambas y chacareras, toma unos mates y se presenta en español rioplatense.
Hay mucho en común entre estos dos artistas menores de 25 años que triunfan en el mundo (además de grandes colaboraciones, como el caso de “PUMAS” en el disco de Trueno). Una de las características más interesantes es justamente su desparpajo transfronterizo, tanto por su ejercicio de creación desde el sincretismo cultural como por el hecho de que no busquen expresamente hacerse entender por el “afuera”. Y quizás esté estirando demasiado la hipótesis, pero les pido paciencia para desarrollarla un poco más.
Hace casi cien años, en 1928, un grupo de brasileños tuvo una mirada profética. Oswald de Andrade y Tarsila do Amaral publicaron el Manifiesto Antropófago, un texto breve y salvaje que daba vuelta como un guante el reproche que Europa le hacía a la región: que copiaba, adaptaba, llegaba tarde. Andrade contestó con una frase brutal: “Sólo la antropofagia nos une”. Es decir, planteó el cruce de identidad de nuestra región como un método. No le pedíamos perdón a nadie por absorber influencias ajenas. Las masticábamos, las digeríamos, las devolvíamos transformadas en algo nuevo. Abaporu (“hombre que come gente” en tupí), es el cuadro maravilloso de Tarsila do Amaral que ilustra el manifiesto. Pueden verlo en el MALBA en todo su esplendor (y, de paso, visitar “Latinoamérica en expansión”, la muestra que acaba de inaugurarse).
Trueno y Milo J encarnan hoy este Manifiesto, tomando lo que viene de afuera y lo que viene de adentro, dejándolo cocinarse en el calor del propio territorio, y devolviéndolo transformado en algo que ya no es de allá ni de acá. Algo nuevo. Si la tesis antropófaga era que América Latina nunca estuvo destinada a imitar, entonces lo que está empezando a pasar ahora no es una ruptura sino una maduración. Cien años de digestión cultural produjeron, finalmente, una región que tiene los ingredientes, las herramientas y el hambre para empezar a inventar en lugar de adaptar.
Los datos parecen respaldar esta interpretación. La música latina alcanzó el año pasado los mil millones de dólares en ingresos en Estados Unidos. Debí Tirar Más Fotos de Bad Bunny fue el primer álbum en español en ganar el Grammy al Álbum del Año. En el campo de la industria audiovisual, la región produjo desde 2020 casi 500 series originales lideradas por México, Argentina y Brasil, con historias muy nuestras. En la literatura, las artes visuales, la arquitectura y otras industrias creativas, referentes de la región están tomando por asalto al mundo entero.
Pero la ventana no va a estar abierta para siempre. ¿América Latina puede liderar la próxima ola creativa global? Es la pregunta que de alguna manera ordena semana a semana cada edición de este humilde newsletter. Vamos a explorar entonces esta oportunidad que se nos abre. Ojalá podamos aprovecharla.

