Cuando una empresa contrata, también compra riesgos
Lo que muchas empresas interpretan como una nueva exigencia de
sustentabilidad es, en realidad, una pregunta de riesgo: qué contingencias
representa ese proveedor para quien lo contrata, lo financia o lo incorpora a su
cadena de valor. Los formularios ESG no llegaron para medir si una empresa
«hace sustentabilidad». Llegaron porque quien contrata necesita saber qué
riesgos está comprando.

Una empresa proveedora recibe un formulario de un cliente importante. Le piden
información sobre permisos ambientales, condiciones laborales, políticas
anticorrupción, canal de denuncias, antecedentes de sus directores, gestión de
residuos, seguridad, derechos humanos, trazabilidad y cumplimiento normativo.
La reacción inicial suele ser la misma: "¿Qué tiene que ver todo esto con mi
producto?" La respuesta es más simple de lo que parece: tiene que ver con el
riesgo.
Cuando una empresa contrata a otra, no compra solamente un bien o un servicio.
También incorpora una parte de sus riesgos. Si el proveedor incumple normas
laborales, contamina, paga sobornos, opera sin permisos, afecta comunidades,
falsea información o no tiene controles internos, el problema no queda
necesariamente dentro del proveedor. Puede trasladarse al cliente.
Ese traslado puede aparecer en una auditoría, en una denuncia, en una
investigación, en una pérdida reputacional, en una sanción, en una dificultad para
exportar, en una revisión de financiamiento o en el incumplimiento de
compromisos asumidos frente a terceros. Por eso, lo que muchas empresas
llaman "pedidos ESG" en realidad son preguntas de riesgo.
El proveedor también transmite responsabilidad
Durante mucho tiempo, las empresas evaluaron a sus proveedores
principalmente por tres variables: precio, calidad y plazo. Ese modelo hace mucho
que no alcanza. Desde hace tiempo, una empresa que contrata necesita saber
algo más: si ese proveedor puede generarle una contingencia legal, financiera,
ambiental, laboral, reputacional o de integridad.
Una compañía que contrata proveedores críticos no solo necesita que entreguen
bien y a tiempo. También necesita saber si cumplen normas de seguridad, si
tienen personal registrado, si gestionan adecuadamente sus residuos, si cuentan
con permisos, si tienen controles anticorrupción, si pueden documentar sus
procesos y si están preparados para responder ante una auditoría. Esto explica
por qué la mirada se desplazó desde la empresa aislada hacia el ecosistema
completo en el que opera.
La pregunta ya no es solamente "¿Mi empresa cumple?", sino "¿Puedo demostrar
que conozco y gestiono los riesgos de quienes trabajan conmigo?"
Por qué los clientes piden evidencia
El cliente no pide información ESG por curiosidad. Lo hace porque necesita limitar
su responsabilidad y también debe responder frente a alguien más.
Una empresa grande puede tener obligaciones frente a bancos, inversores, casas
matrices, accionistas, reguladores, certificadoras, auditores, clientes
internacionales o mercados de exportación. En todos esos casos, necesita
demostrar que sus operaciones y su cadena de valor no le generan riesgos no
gestionados. Ahí aparece la transferencia: el cliente traslada exigencias al
proveedor porque este puede trasladarle riesgos, y si el proveedor no puede
responder, el cliente queda expuesto —y buscará otro que sí pueda demostrar
cumplimiento.
Este punto es clave para las pymes. Muchas veces el pedido de información se
interpreta como una carga administrativa, cuando en realidad es una condición
de permanencia en determinados mercados. La empresa que puede demostrar
orden, controles y trazabilidad se vuelve más confiable; la que no puede hacerlo
queda en una posición más débil aunque su producto sea bueno.
ESG no es solo ambiente
Uno de los errores más comunes es reducir ESG al ambiente o al cambio
climático. Los temas ambientales son relevantes, pero ESG también incluye
condiciones laborales, derechos humanos, seguridad, integridad, anticorrupción,
transparencia, gobierno corporativo, mecanismos de denuncia, relación con
comunidades, cumplimiento legal y controles internos.
Por eso, cuando un cliente pregunta por ESG, en el fondo está preguntando si la
empresa está bien gestionada. Una compañía sin controles, sin políticas claras, sin
documentación ni trazabilidad representa un riesgo, independientemente de su
tamaño. Lo que importa es la capacidad de evidenciar.
Medir para poder demostrar
¿Por qué se mide? Porque sin datos no hay forma de comparar, auditar ni
defender una decisión, mucho menos de mejorar. Un cliente que debe
seleccionar proveedores necesita criterios. Un banco que tiene que otorgar
crédito necesita evaluar exposición. Un inversor que analiza una compañía
necesita entender los riesgos. Medir no significa llenar planillas por moda:
significa transformar declaraciones en información verificable.
La diferencia entre decir "cumplimos con la normativa laboral" y poder mostrar
documentación, procesos, responsables y registros es la misma que existe entre
decir "cuidamos el ambiente" y contar con permisos, mediciones y planes de
mejora, o entre decir "somos íntegros" y tener políticas, controles anticorrupción y
canal de denuncias. En todos los casos, la distancia es la que separa la intención
de la evidencia.
La pregunta empresaria
La discusión sobre ESG suele volverse confusa porque se la presenta como una
agenda amplia, abstracta o ideológica. Pero para una empresa, la pregunta puede
formularse de manera mucho más concreta: ¿Qué riesgo represento para quien
me contrata, me financia o invierte en mí?
Responder bien esa pregunta exige mirar la empresa con otros ojos: no solo
desde lo comercial, sino desde su capacidad de demostrar cumplimiento,
controlar riesgos y sostener relaciones de largo plazo. ESG, en definitiva, es una
forma de medir si una empresa está preparada para operar en mercados donde
la confianza ya no se declara: se prueba.
Paula Cortijo, abogada especializada en compliance, ética
corporativa y gestión de riesgos en cadenas de valor. Founder y CEO,
Transparencia Latam
Acerca de Paula Cortijo
Paula Cortijo, abogada especializada en compliance, ética corporativa y gestión de riesgos
en cadenas de valor. Fundadora y CEO de Transparencia Latam, consultora regional
especializada en integridad corporativa, compliance y sostenibilidad. Más de 17 años
asesorando a empresas multinacionales, combinando formación técnica internacional con
mirada estratégica orientada al impacto real. Formada en el Basel Institute on Governance
(Suiza) y en Estados Unidos. Diez años como Head Compliance Officer para toda
Latinoamérica en Lafarge-Holcim, líder mundial en suministro de cementos y áridos.
Desde Transparencia Latam lanzó Linking Values, la primera plataforma latinoamericana,
basada en blockchain, para la evaluación de proveedores y la gestión de riesgos en cadena
de valor: derechos humanos, estándares laborales, medioambiente y anticorrupción.
Autora de Integridad Sostenible, publicado por la Red Argentina del Pacto Global de
Naciones Unidas.

