La escritora Laura Sebastiá, autora de la novela “Los hijos del vacío”: “Escribo para cambiar la forma en que miramos ciertas realidades”

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 – ¿Qué es una ficción con propósito?

L.S.: – Es una historia que no busca únicamente entretener o hacer pasar un buen rato, sino dejar una huella en quien lee. Para mí, la ficción con propósito es aquella que utiliza el arte de contar historias para poner sobre la mesa realidades incómodas, abrir debates necesarios y conectar con las emociones más profundas del lector, ofreciéndole un espejo donde mirarse y entender un poco mejor el mundo y a sí mismo.

                              – ¿Escribes para cambiar algo? ¿Acaso la mirada?

L.S.: – Exacto, sobre todo la mirada. No pretendo cambiar la vida de nadie, pero sí me gustaría cambiar la forma en que miramos ciertas realidades. Cuando escribo, busco que el lector baje los prejuicios, que deje de etiquetar la rebeldía o el silencio de un joven como un simple «mal comportamiento» y empiece a ver la vulnerabilidad y la soledad que hay detrás. Si al cerrar el libro alguien es capaz de mirar a su hijo, a su alumno o a un desconocido con un poco más de empatía y comprensión, ya habrá valido la pena.

                                         – ¿Quiénes son “Los hijos del vacío”?

L.S.: – Son todas aquellas personas que no saben a qué pertenecen ni se reconocen en el espejo cuando se miran. Personas que se ahogan en su propio sufrimiento sin saber dónde encajar lo que están sintiendo, porque muchas veces ni siquiera le saben poner nombre a lo que les pasa. Eso los convierte en blancos fáciles para el consumo, el silencio o las huidas constantes. Buscan escapar de sí mismos sin ser conscientes de que están huyendo en círculos, convencidos de que controlan la situación cuando el suelo ya se les tambalea bajo los pies.

                      – Andrés, personaje central de la obra, echa la vista atrás. ¿Qué ocurre?

L.S.: – Cuando Andrés echa la vista atrás, se detiene ante los recuerdos de aquello que ocurrió en su etapa juvenil y se enfrenta al peso de lo que no supo gestionar entonces. Es un ejercicio de memoria doloroso pero necesario que detiene su presente, obligándole a reabrir heridas que creía cerradas para entender quién es hoy y de dónde viene ese vacío que ha arrastrado durante tantos años.

                    – ¿Por qué decides contar esta historia en forma de thriller psicológico?

L.S.: – Porque el thriller es un género que atrapa, que te obliga a pasar página con el corazón encogido y con esa necesidad irrefrenable de saber qué va a pasar. Pero si debajo de toda esa tensión no hay verdad humana, la historia se queda hueca. Utilizo el suspense y los dramas de los personajes como el vehículo perfecto para que el lector devore la trama y, casi sin darse cuenta, termine empatizando con realidades muy duras que de otro modo quizás ignoraría.

   – Quizá desde siempre el adolescente ha sentido una incomprensión abismal de parte de los adultos. ¿La brecha actual es más grande?

L.S.: – Sí, creo que hoy la brecha es distinta y, en muchos aspectos, más compleja. Vivimos en una sociedad hiperconectada pero profundamente aislada, donde los chavales están expuestos a pantallas, a la presión de la inmediatez y a la exigencia de mostrar vidas perfectas. Los adultos muchas veces no llegamos a dimensionar la presión a la que se enfrentan, y esa falta de herramientas para sostener la frustración hace que el abismo entre lo que ellos sienten y lo que nosotros entendemos parezca cada vez más grande.

                               – ¿El adulto olvida muy fácil al adolescente que fue?

L.S.: – Demasiado fácil. Con las prisas del día a día, las responsabilidades y el piloto automático de la vida adulta, nos olvidamos de lo confuso, lo doloroso y lo intenso que era tener quince años. Exigimos certezas y madurez a quienes todavía están aprendiendo a sostenerse en pie, olvidando que nosotros también fuimos ese mar de dudas y que necesitamos mirarlos desde la memoria, no desde la exigencia.

                   – ¿Y qué te hizo a ti no olvidar la jovencita que dejaste atrás?

L.S.: – Supongo que pasar por mi propio huracán emocional. Durante muchos años intenté hacer siempre lo correcto para los demás hasta que me di cuenta de que me había abandonado por completo. Al rescatarme a mí misma, al atravesar mi propio vacío y encontrar mi voz, reconecté de manera muy viva con la adolescente que fui: con sus heridas, con su necesidad de encajar y con el dolor de no saber poner nombre a lo que sentía. Escribir esta historia fue también una forma de abrazar a esa niña y honrar su recorrido.
 – Realizas planes de lectura en institutos educativos. ¿El libro como fuerza de transformación social?
 
L.S. – Empezamos esta actividad en esta primera evaluación con varios institutos que han contado conmigo. Mi idea es unir la literatura con una charla que no resulte pesada ni sea «una chapa», sino que sirva como una herramienta real para que se den cuenta de hasta qué punto pueden sentirse identificados con alguno de los personajes, dándoles la oportunidad de dar marcha atrás a tiempo o de no empezar algo cuyas consecuencias ya conocen.
Voy a intentar hacerlo lo más dinámico posible, conectando de verdad con los chavales, porque para mí eso es lo fundamental: demostrar el valor que tienen las historias de otros tanto a nivel de sanación personal como social. Y de paso, aprovechar para mandarles un mensaje muy claro: nunca es tarde para creer en ti y conseguir lo que quieres.
 A mis 48 años me he lanzado a ser escritora, y soy muy feliz por haberme atrevido; aunque he tenido miedo, lo he hecho a pesar de él. Todo esto se completa con dinámicas en forma de preguntas y algún recurso audiovisual que ayude a entretenerlos. 
Mi misión es unir la literatura con el entretenimiento y con la prevención, dejando claro lo peligrosas que son las drogas, lo fácil que a veces resulta conseguirlas y la importancia absoluta de pedir ayuda si se necesita, o de echar una mano para que un compañero también la pida si vemos que no puede salir solo.
 
                         – ¿Sientes que “Los hijos del vacío” está moviendo algo?
 
L.S. – Siento que está removiendo conciencias de una manera muy bonita y profunda. Me llegan mensajes de jóvenes que me dicen que han llorado y se han sentido reflejados, de profesores que recomiendan la lectura, y de adultos que me dan las gracias por tratar un tema tan duro con tanto respeto. Saber que el libro ya está logrando que lectores de todas las edades entiendan lo peligroso que es este mundo y se den cuenta de que eso del «yo controlo» es una gran mentira, me da una paz y un orgullo inmensos.
 

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